Las Primeras Franciscanas Misioneras de María de Andalucía en Pozo del Camino

convento-franciscana-pozo-caminoYa habían estado durante la Semana Santa de 1972, en que un grupo de hermanas se desplazaron a Pozo para ayudar. Esto les permitió palpar las necesidades sobre la realidad misma. Terminado el servicio, se marcharon. El 12 de mayo de ese año, el Obispo, D. Rafael González Moralejo, escribió a la Provincial -M. Juncal-, solicitándole que enviase algunos grupos de hermanas en el verano, “con vistas a establecer el curso próximo alguna comunidad o comunidades aquí”. Y solicitaba una entrevista personal con la Provincial. No consta si esta entrevista se llevó a cabo o no, lo que sí es cierto es que un grupo de hermanas estuvo en Pozo durante el verano y que deseaban volver para comenzar allí un fraternidad. Pero hubo que esperar.

Las hermanas solicitaron a la nueva provincial el establecer allí una comunidad, pues el pueblo les había abierto las puertas y el corazón de par en par, por lo que el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, la nueva provincial recién legado, escribió al Obispo preguntándole dónde creía más conveniente la implantación FMM, para iniciar la colaboración con la diócesis. El 28 de marzo, D. Rafael le contestaba agradeciéndole e indicándole que para comenzar fuese en Pozo del Camino, “que sería un buen comienzo”, ya que en esta parroquia, no había párroco residente.

Pozo era una aldea dependiente de Isla Cristina y Ayamonte. Las FMM se establecieron, de una manera permanente, en el mes de julio de 1973. El Sr. Obispo eregía la comunidad canónicamente el 19 de julio. Las tres primeras que llegaron, pasaron el verano con las obras, limpiezas y demás trabajos propios de una mudanza a una casa parroquial deshabitada.

El día 8 de Septiembre, con las que había ido y las tres de Pozo -Isabel Palomino, Josefa de Frías y Mª Dolores Martín- tuvieron la primera Misa en la Capillita de la Comunidad, en este día de la Virgen. Las vecinas les dejaron unas macetas y con unas redes de pescar, el sagrario, una imagen de la Virgen pequeña y una lamparilla, adornaron la minúscula Capilla, en la que ya quedó la Reserva. La celebró D. Luis Pajares Sahagún, Y así quedó instalada la primera fundación de Andalucía.

El resto de la comunidad fue llegando, tras sus vacaciones (Cecilia Madalen Petralanda, Felipa Arana), y el 24 de Octubre, estando ya todas comenzaron la aventura. A las dos escuelas, estatal y parroquial, se fueron añadiendo la escuela de formación de la mujer, con corte y confección, para la que tuvieron que establecer dos turnos. Otra, llegó como enfermera, contratada por Sanidad, comenzó con un practicante hasta que conoció el ambiente. Fue una de las más solicitadas a todas horas, al ser la única autoridad sanitaria de Pozo. La Alcaldía de Isla Cristina la equipó con algún material urgente, pues carecía de todo. Los médicos de Isla, le dieron muestras médicas y así fue instalando su pequeño dispensario. Los Domingos iba a colaborar en el Centro Maternal de Isla, haciendo un turno de guardia. Por las noches, se tenían cursos de alfabetización de adultos. Y también se comenzó un año más tarde, la Guardería infantil.

A todo esto se unía el trabajo pastoral, catequesis, liturgias, ensayos de canto, grupos se jóvenes. Fueron los tiempos en que todas comenzaron a ocuparse de la casa por grupos, comidas, lavados, limpiezas, compras,… Todo esta era una novedad, pues en los conventos antiguos cada una tenía una responsabilidad. Ahora, como en cualquier familia, todo se compartía y era responsabilidad de todas (…).

La gran esperanza ha sido la formación religiosa de los niños y jóvenes que se mantuvieron en la catequesis y formaron un buen grupo. Ellos mismos se han hecho luego catequistas. Las hermanas se plantearon a lo largo de los años la evangelización no solo en el trabajo profesional –enseñanza y sanidad- o a través de la acción pastoral, sino sobre todo insertándose en la vida del pueblo: ayudándoles en sus iniciativas y colaborando en su realización, dialogando con la gente, visitándolos y compartiendo sus penas y alegrías.

Las hermanas siguen siendo los auténticos párrocos de Pozo, donde han realizado una labor excelente, muy apreciadas por la gente que se vuelca con ellas…

…Y el pueblo sigue queriéndolas…

Fragmento del libro “Un deseo hecho realidad” (Mª Carmen Urbano, FMM)

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