Isla Cristina entre las Diez salinas brillantes en España

Lo salinero pone de manifiesto cómo una actividad económica tradicional puede generar ecosistemas marítimos valiosos y dignos de protección. Requieren agua marina, radiación solar, humedad más bien escasa, suave brisa, fuerza gravitatoria y paciencia. Mucha paciencia para que se precipite el cloruro sódico en las charcas. La flor de sal, poco amarga y de textura escamosa, es el producto gourmet de esta evaporación.

La de Biomaris (flordesalbiomaris.com), a la salida de Isla Cristina en dirección al Pozo del Camino, es una de las salinas más artesanales de España. El espacio no puede ser más intermareal: las 15 hectáreas de salinas se nutren del caño La Tuta del paraje natural Marismas de Isla Cristina. Del pequeño embalse pasa el agua a los calentadores o periquitos, y de ahí a las balsas cristalizadoras. La flor de sal, la primera que se forma, es el imán de su tienda, pero hay más curiosidades, como la sal líquida, escamas, los desodorantes de alumbre o las lámparas de sal.

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