Documento del Mes en Isla Cristina

DOCUMENTO DEL MES DE JULIO DE 2018

Archivo Municipal de Isla Cristina, Leg. 1348, Inventario de los bienes de don Antonio Roselló, 1818.
Cuando a la muerte de una persona, sus herederos procedían a hacer el inventario y posterior reparto de sus bienes, tenemos ante nosotros una magnífica radiografía de la realidad social de la época, puesto que se nos describen tanto los bienes muebles como los bienes inmuebles, tierras, y otros que componían la hacienda del difunto.

En este caso tenemos que trasladarnos doscientos años atrás, cuando en la Real Isla de la Higuerita, fallece Antonio Roselló Rivas, quien había nacido en Barcelona en 1753 y desde muy joven, junto a su padre Pedro, había alternado sus estancias entre Barcelona, Premiá, Montegordo y la Higuerita, dedicado a las salazones, hasta asentarse definitivamente aquí entre 1770 y 1776. Antonio Roselló, además, fue nombrado alcalde pedáneo de la Isla de la Higuerita por las autoridades redondeleras en 1799, en un intento de ejercer su jurisdicción sobre los habitantes de esta isla.

Casado con Ana Arbucias Ferreira, testó junto a ella ante el escribano público (notario) de Ayamonte, Francisco Javier Granados, en 1814, y tuvieron una numerosa descendencia.

Centrándonos en los bienes muebles, destacan cómodas, muebles y una cantidad sorprendente de sillas, sesenta y seis, en distinto estado y valor. Sobresalen las imágenes religiosas como un San Antonio de Padua, una imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes y un Niño Dios “con su esfera de plata”. Platos, ollas, peroles, velones, candelabros, baúles, estantes o la ropa de uso doméstico, continúan en el inventario.

Un apartado especial lo constituyen “las alhajas de metales preciosos”, con pendientes “catalanes”, tumbagas, botones de oro, relicarios, rosarios, hebillas de plata, gargantillas con diamantes, juguetes y cubiertos de plata, hebillas para el sombrero, etc.

El apartado de embarcaciones lo componían dos botes de vela, uno chico y uno grande, un falucho, la cuarta parte de otro falucho de la matrícula de Ayamonte, la mitad de una barca pescadora y otra mitad de un bote nuevo.

Así mismo, tenía depositados salazones a cuenta en diferentes puntos del Mediterráneo: Barcelona, Reus, Valencia, Cullera, Vinaroz, etc. También contaba con vino, aguardiente y grano para vender en varios de esas ciudades.
Además de la casa que habitaba, tenía en alquiler siete casas en la Higuerita, un almacén y tres chozas. En Ayamonte un par de almacenes en la calle Lepe (hoy denominada Huelva), cuatro casas en La Redondela con calderas de aguardiente y lagares. También tenía al menos ocho fincas destinadas al cultivo de viñas y cinco fanegas, en dos suertes diferentes, de tierras calmas, destinadas a cultivo de granos.

Desde luego, la herencia dejada por Antonio Roselló no era la media de un habitante de la Isla de la Higuerita de hace dos siglos, pero nos aproxima a cómo vivía la burguesía de la época, sus devociones (llegó a tener un hijo sacerdote), las inversiones de capital (tierras y casas para alquilar), los gustos por las joyas, etc., magníficamente conservados en cuadernos particionales como este.

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