Celebrada la Oración por todos los Santos y Difuntos en la Hermandad del Rocío de Isla Cristina

oracion-1 oracion¡ORACIÓN POR TODOS LOS SANTOS Y DIFUNTOS!

Como cada año, la Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Isla Cristina convoca a todos sus hermanos y hermanas a las puertas de la Casa Hermandad, acercándose la fecha de la celebración de Todos los Santos y Difuntos, para la ya tradicional Oración que culmina el período de canto de Salve al Bendito Simpecado de los viernes hasta el próximo año. Y este año, la encargada de hacerla fue, como ya se había anunciado, Mari Toni Contreras Montenegro que, como ya es habitual en ella, despertó sentimientos de alegría intentando evitar el profundo dolor que puede provocar la ausencia de los seres queridos. Por ello, como todos los años, dejamos aquí constancia de las hermosas, sentidas, inteligentes y profundas palabras de su….

¡ORACIÓN A LOS QUE SE HAN IDO!

De nuevo, mi querida Hermandad del Rocío me encomienda una difícil misión, en unos días en los que se presiente noviembre; en unos días en los que se hacen más presentes las idas y venidas al cementerio, donde las flores no adornarán nuestro Bendito Simpecado, sino que las prepararemos para, con su colorido y aroma, honrar a aquellas personan queridas que se fueron.

Mi nueva misión es hacer honor a ellos, a nuestros difuntos, con la flor de unas palabras que cortaré del jardín de los sentimientos que están sembrados en mi corazón.

Y aunque sea difícil hablar del tema y se eluda hacerlo para evitar el posible dolor que nos provoca la ausencia de nuestros seres queridos, en estos días debemos rendirles una atención especial, aunque, en nuestro interior, no haya ni un sólo día en que no formen parte de nuestros pensamientos.

Y con el permiso de todos, volveré a citar las primeras palabras que escribiera para mi pregón a Nuestra querida Hermandad.

Así dije:
«Permíteme Señora mía de las Marismas
y con el beneplácito de tu Hijo, mi Señor,
que mi discurso llegue como un canto de amor al cielo
para que me escuchen todos esos rocieros que,
de alguna manera, forjaron mi fe y ya no están aquí.
Porque mis palabras no van para los rocieros de golpe de pecho,
sino para los de sentimiento y corazón
y en esas marismas celestes
de esos…, hay un montón.
Señor, abre un balconcito en el cielo
donde ellos se puedan asomar
y que en este gran momento de mi vida
sean la luz de mi caminar.
Permíteme, Dios mío, que en el cielo
se escuche bien mi voz.
Que la escuchen todos esos buenos rocieros
que a esta tierra dijeron adiós
y que hasta aquí me llegue su aliento
de cariño, confianza y amor
para que me haga fuerte en este momento
y sobre el papel ponga el corazón,
que mis vivencias se hagan vuestras,
y que mis sentimientos conduzcan mi voz».

Así empezaba mi pregón, porque Ellos, los que ya no están, son los que dan sentido a nuestras vivencias, como nosotros se las daremos a las de nuestros hijos y nietos.

No voy a pedirle a Nuestra Bendita Madre la Virgen del Rocío que los tenga en el cielo, porque tengo la confianza de que todos los que la amaron tanto, no pueden estar en otro lugar que allí, con Ella y disfrutando de las promesas de nuestro Señor.

Mi oración hoy es un recuerdo a esos que estando ya en la marisma del cielo no se han ido de esta tierra y nos acompañan en todos los momentos de la vida. Ellos no están sólo en nuestras palabras y nuestros pensamientos, sino que están siempre presentes, porque sus cuerpos se han ido pero sus almas, sus esencias y sus enseñanzas se han quedado impresas en nuestro corazón.

En cualquier detalle se hacen presentes: en una palabra, en una acción, en una canción que le gustara, en algo que predicara. La esencia de nuestros amados difuntos está en el aire, en la brisa que nos trae la mar, en el aroma del camino, en el eco de una oración, de una Salve, en las notas de un tamborilero que nos trae los recuerdos de romerías pasadas; detalles que nos hacen sentir que aún están aquí.

Madre mía del Rocío, si te pido que el dolor se convierta en más amor, que la tristeza por la ausencia sea alegría al recuerdo de vivencias, que la añoranza se torne en esperanza y que nuestra fe sea la que mande al entendimiento de que la separación es transitoria, que todos nos reencontraremos en la Gloria.

Así y todo, Madre mía, por si no ha sonado lo bastante fuerte mi voz y desde el cielo no se me escuchó, dale las gracias y mil veces gracias a todos esos rocieros que ya están allí disfrutando de ti, de parte de todos los que nos quedamos aquí, por mostrarnos ese camino que lleva hacia ti, por transmitirnos esta maravillosa manera de vivir. Porque da felicidad ser cristiano pero si, además, se es rociero ya no hay más que pedir. Dales las gracias por crear esta gran familia rociera que vive respirando de tu devoción, esa que ellos nos mostraron embargados de la emoción al ponernos ante tu cara morena y arrodillados hacer que te ofreciéramos hasta el corazón.

Dales las gracias, Madre mía, por sembrar en este pueblo marinero la semilla de tu amor.

Y a tí, Mi Señora, mi preciosa Blanca Paloma, Madre de que es principio y fin, siempre nuestra guía y protectora, gracias por tener a buen recaudo las almas de los que a tu lado se fueron para abrazarlos por nosotros y bajo tu manto acogerlos.

Gracias por todo, Rocío del alma mía y porque sé que tus brazos de Madre esperan para abrazarnos cuando llegue el día.

¡Dios te Salve, Reina y Madre…..

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.